¿Cuánto cuesta mantener una página web al año?
Casi todo el mundo pregunta cuánto cuesta hacer una web. Casi nadie pregunta cuánto cuesta tenerla, y esa es la factura que se repite todos los años. Aquí van las partidas una a una, con lo que valen de verdad en 2026, y lo que pasa cuando no se pagan.
Las cuatro partidas que no se pueden esquivar
Una web publicada tiene un suelo de gasto que no depende de quién te la haya hecho. Son cuatro cosas y conviene que las conozcas por separado, porque cuando alguien te pasa una cuota mensual cerrada, dentro está esto:
El dominio
Entre 10 y 15 € al año un .es o un .com. Es lo más barato de todo y lo más importante: si se te caduca, la web desaparece de internet aunque esté perfecta, y recuperar un dominio caducado que alguien ha comprado mientras tanto puede costarte cientos de euros o directamente ser imposible. Ponlo en renovación automática hoy mismo.
El alojamiento
Aquí el rango es enorme porque hay mundos distintos. Un alojamiento compartido de los baratos va de 3 a 10 € al mes y sirve para una web pequeña que recibe visitas normales. Uno decente, con recursos garantizados, se mueve entre 10 y 30 €. Y un servidor propio, que es lo que uso yo para mis proyectos, empieza sobre los 20-40 € al mes pero ya no lo compartes con otras trescientas webs.
La diferencia se nota el día que tienes una punta de visitas: en el compartido barato, tu web se cae justo cuando más gente te está mirando.
El certificado de seguridad
El candado de la barra del navegador. Es gratis desde hace años, se llama Let's Encrypt y se renueva solo. Si alguien te está cobrando 60 € al año por un certificado SSL para una web normal, pregúntale por qué: hay casos que lo justifican, pero en una web corporativa o de servicios no suele ser ninguno.
Las copias de seguridad
Es la partida que todo el mundo recorta y la única que te salva el día malo. Da igual el precio: lo que importa es que existan, que se hagan solas y que alguien haya comprobado alguna vez que se pueden restaurar. Una copia que nunca se ha probado no es una copia, es una carpeta.
Y luego está el mantenimiento de verdad
Lo anterior es infraestructura. El mantenimiento es el trabajo, y es donde varían los presupuestos:
- Actualizaciones. Si tu web es WordPress, tiene un gestor, una plantilla y entre cinco y veinte extensiones, y todo eso publica versiones nuevas cada pocas semanas. Actualizar sin mirar rompe cosas; no actualizar nunca es dejar la puerta abierta.
- Vigilar que sigue en pie. Que la web responde, que el formulario envía, que el correo llega. Una web puede llevar tres semanas sin enviarte un solo formulario y no enterarte, porque las que no llegan no hacen ruido.
- Cambios pequeños. Cambiar un teléfono, subir tres fotos, actualizar los precios. Es lo que más se pide y lo que más se discute, porque casi nunca se acuerda por escrito cuánto entra en la cuota.
- Compatibilidad. Los navegadores cambian, las pasarelas de pago cambian sus requisitos, la versión de PHP del servidor se queda obsoleta. Nada de eso avisa antes de romperse.
Lo que pasa cuando no se mantiene
Esto no es una advertencia comercial: es lo que veo cuando me llega una web que llevaba dos años sola.
- Deja de enviar formularios. Suele ser el correo del servidor, que cambia de requisitos. El negocio pierde contactos durante meses sin saberlo.
- Se llena de spam. Si tiene comentarios abiertos o un formulario sin protección, acaba lleno de basura que además te penaliza a ojos de Google.
- Se cae y no hay copia. El escenario caro. Rehacer una web perdida cuesta bastante más que haberla mantenido.
- Se queda vieja en móvil. No porque se rompa de golpe, sino porque lo que era normal hace tres años hoy se ve mal, y la mayoría de tus visitas entran desde el teléfono.
Las tres formas de cobrarlo, y cuál te conviene
En el mercado se hace de tres maneras y ninguna es mala en sí:
- Cuota mensual cerrada. Incluye alojamiento, actualizaciones, copias y unas horas de cambios. Es cómoda y previsible. Pregunta siempre cuántas horas entran y qué pasa si no las gastas.
- Por horas, cuando hace falta. Pagas solo lo que usas. Sale barato si la web es estable y tú te acuerdas de pedir revisiones. Sale caro cuando algo lleva roto tres meses.
- Tú te lo llevas. Te quedas el alojamiento y el dominio a tu nombre y llamas a alguien cuando pasa algo. Es la opción más honesta si tienes a alguien en casa que sepa, y la peor si no.
Cómo saber si lo que pagas es razonable
Pide tres cosas a quien te lleve la web. Si las tres tienen respuesta, el precio casi da igual: estás en buenas manos.
- ¿A nombre de quién están el dominio y el alojamiento? Tienen que estar al tuyo. Si están a nombre de la agencia, el día que quieras cambiar no te llevas nada.
- ¿Cuándo se probó la última copia de seguridad? No cuándo se hizo: cuándo se restauró para comprobar que servía.
- ¿Qué entra en la cuota y qué se factura aparte? Por escrito. Es la discusión que aparece siempre al sexto mes.
Cómo lo hago yo
Administro mi propio servidor, así que las webs que mantengo no están en un alojamiento compartido con otras cientas: sé exactamente qué corre en la máquina y por qué. Las copias se hacen solas todas las noches y se guardan también fuera del servidor, porque una copia que vive en el mismo sitio que la web no sirve de nada el día que el problema es el servidor.
Y una cosa que no todo el mundo dice: el dominio y el alojamiento van siempre a tu nombre. Si algún día quieres llevarte la web a otro sitio, te la llevas entera y sin pedir permiso. Es tu negocio, no el mío.
Si quieres que le eche un vistazo a lo que estás pagando ahora —sin compromiso y sin venderte nada—, escríbeme y lo miramos. Y si lo que necesitas es algo más que mantenimiento, aquí cuento cómo enfoco el desarrollo web y el software a medida.